La gente estudia inglés a la fuerza y así no funciona

CATERINA GAYÀ

Hannah Margrett es inglesa, pero vive en Barcelona y, su día a día, es en catalán: tiene el nivel C, cursó el CAP como requisito para dar clases en institutos públicos o concertados, y es madre de Óscar, un bebé medio catalán y medio inglés. Como profesora, reflexiona sobre la necesidad de que catalanes y españoles mejoren su nivel de inglés. Para ella es cuestión de cambiar de enfoque: el inglés tiene que ser la puerta de entrada a otra cultura y a otra manera de ser, y no solo una obligación del mercado.

-¿Tiene facilidad para los idiomas?

-Aprendí castellano gracias a una profesora estupenda que tuve cuando estaba cursando la secundaria en Inglaterra. Esa mujer nos hizo entender que aprenderíamos castellano a través de la cultura, la comida…Hasta nos llevó a Londres a ver un espectáculo de una compañía andaluza que representaba Bodas de Sangre. ¿Se imagina? ¡Bodas de Sangre en Londres y en castellano!

-O sea que es pasándolo bien que…

-Exacto. El problema con el inglés es que la gente lo ve más como una obligación empresarial que como una herramienta para desarrollarse como persona o como una puerta para conocer otra cultura.

-Y algo estamos haciendo mal si comparamos nuestro nivel de inglés con el de nuestros vecinos.

-Le aseguro que lo he pensado mucho y creo que hay varios factores. A la sensación de estar obligados se suma el hecho de que hasta hace relativamente poco se enseñaba francés. Además, el nivel de las escuelas no es el que tendría que ser porque casi no se hace ningún tipo de inmersión en el otro país; es más una enseñanza gramatical que vivencial o histórica.

-Siga, no se corte.

-¡Un tema importante es que aquí se doblan las películas! Nunca he entendido esta política. Yo creo que la voz es una parte muy importante de una persona y que doblarlo es quitarle algo.

-Ahora es posible ver las películas en versión original y con subtítulos.

-Sí, pero la gente no parece interesada. Es como si esa opción no existiera para ellos.

Empecemos por las escuelas: ¿qué cambaría?

-Enseñaría contenidos que tuvieran que ver con la política, la historia, la literatura o la música de Gran Bretaña o de Estados Unidos y, a través de esto, a la gente se le despertaría la curiosidad por aprender sobre esa cultura y no solo la lengua. Mis alumnos, por ejemplo, están muy interesados en la cultura y las formas de vida estadounidense, y ese puede ser el vehículo a través del cual aprender la lengua. Si no, me parece que es una forma de enseñanza muy seca. Además, la gente progresa muy lentamente porque se cansa.

-¿Qué se puede hacer en casa?

-Escuchar radio o ver televisión en inglés 30 minutos al día y leer revistas o periódicos. Ahora tenemos la manera de hacerlo gracias a internet y es una pena desaprovecharlo. Si la persona genera este hábito, mejorará muy rápido. Es tan fácil como identificar algo que te guste y hacerlo en inglés. ¡Te gusta el deporte, lee noticias deportivas en inglés!

-¿Es tan fácil?

-Le pongo un ejemplo: mi tía sabe castellano y es una gran aficionada a la revista Hola. Ella vive en Inglaterra y cada semana recibe la revista y, de esa manera, no pierde el castellano porque lo practica aunque sea con textos tan escuetos como los de esa revista.

-¿Cómo aprendió catalán?

-Fui a clase y desde siempre vi el Telenotícies como una práctica habitual. Además, me aficioné a Ventdelplà. No me pregunte la razón.

-¿Le fue fácil?

-[Se ríe] Tras cinco años y medio, aún me cuesta leer libros en catalán. Aprendí catalán porque, aunque me di cuenta de que aquí se podía vivir en castellano, me parecía una muestra de respeto hablar la lengua del país y una puerta más para integrarme en la sociedad, de crear vínculos con la gente. Ahora puedo hablar en castellano y en catalán y eso me ayuda con los padres de los alumnos. Me miran con más respeto. Estoy muy orgullosa de poder vivir en catalán en Catalunya.

-La verdad es que hay pocos ingleses que vivan aquí y que hablen castellano o catalán.

-Y esa fue otra de las razones que me motivaron: quería diferenciarme de la gente de mi país que viene aquí y que cree que en todo el mundo se habla inglés como si fuera una obligación o su derecho.

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